¿YO ME LLAMO SANDRA Y TÚ? | SANDRA BARNEDA | WEB OFICIAL | Periodista. Presentadora de Tele5. Escritora
15981
post-template-default,single,single-post,postid-15981,single-format-standard,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-theme-ver-11.0,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive

¿YO ME LLAMO SANDRA Y TÚ?

¿YO ME LLAMO SANDRA Y TÚ? es un viaje al interior de uno mismo. Aquí os lo dejo para que viaje con vosotros…y os lleve donde os lleve…siempre os conduzca a buen puerto.

¿YO ME LLAMO SANDRA Y TÚ?

Le gustaba viajar con una maleta. Una maleta vacía de materia, objetos y enseres. Una maleta sin peso pero cargada de sueños. Era una perfecta metalizada 56x45x25, preparada para ser embarcada y a prueba de mentes atrapailusiones. Su equipaje: un pequeño neceser de mano, gafas de sol, pasaporte, dinero/tarjetas, un pintalabios, móvil, un lápiz roído, una libreta sin tapa y una maleta de cero carga. La pesadumbre, el letargo de las injusticias y los dolores ajenos y propios decidió enterrarlos el mismo día que se compró la metalizada.

15 de febrero. 11:34 de la mañana. En una cafetería de una calle de nombre poco ilustre y muy transitada del centro de Madrid. Allí estaba, sentada en la ultima mesa de la terraza. Sumida en sus pensamientos, ajena al ruido de las obras y los murmullos vecinos. Aparentemente sola, aparentemente en silencio, aparentemente serena. La apariencia era todo lo que le quedaba: corteza, cáscara, epidermis. Apariencia desdeñosa y engañosa capaz de parapetar cualquier atisbo de vida, sentimiento o emoción del exterior al interior y viceversa. Es sencillo engañar a la vista, el más estafador de todos los sentidos, que fabrica sombras chinas coloreadas para edulcorar la realidad y buscar el placer hasta del horror. Esa mañana, a las 11:34, su café estaba frío, sus ojos cerrados y las voces internas que susurran los anhelos mas profundos, trepaban por su alma arrebatada de ilusión. Sus ojos estaban secos, enjutos de tanta lágrima caída en suelo yermo. Aquella mañana sintió la carga de la vida: la suya y la del vecino de mesa tecnoadicto a los universos paralelos de las redes de mentiras y anonimato; la suya y la del camarero incapaz de confesar que está locamente enamorado de la chica pelirroja de la primera mesa; de la pelirroja que fantasea con su profesor de Yoga y se acuesta con el primero que le da cariño; del profesor de Yoga que prefiere el pescao a la carne y sin embargo ha dejado embarazada a una alumna; de la alumna que se acaba de enterar que va a ser madre y es incapaz de recordar por esa vida loca quien puede ser el padre. Aquella mañana a las 11:34 sintió la angustia de los sueños que caen en el olvido, la desdicha de corazones sin valor suficiente, la añoranza de saberse dueños del propio destino y la ignorancia de una ilusión perdida. Aquella mañana a las 11:34 soltó un alarido sordo, pero tan prolongado en el tiempo que estuvo a punto de asfixiarla. Gritó con la fuerza del desgarro, del fin para el principio, de lo viejo para lo nuevo, del morir para el renacer. Aquella mañana, a las 11:34 dejó de ser el tecnoadicto, el camarero, la pelirroja, el yogui, la alumna…dejó de ser angustia, miedo y opresión. Decidió ser cangrejo: ir al revés y caminar de fuera para adentro e iniciar la metamorfosis. Pagó el café , cruzo la calle y entró en un pequeña tienda. No habían pasado ni cinco minutos y ya se había hecho con la metálica, su equipaje de mano; la guardiana de sus sueños.

Ese 15 de febrero empezó su viaje a lo onírico, su carrera por coleccionar anhelos secretos, fantaseados en una alcoba o en los alto de una montaña. Ese 15 de febrero decidió no separase de su maleta; ser una soñadora en vida a la que la plenitud del éxtasis le roza, una vividora de experiencias marchitas que secuestran sonrisas y apagan la existencia. Su mundo era una maleta repleta de sueños; su evasión más longeva y placentera.

Durante años recorrió mundo tejiendo anhelos olvidados. Se alimentó de sonrisas inventadas, de amores imaginarios, de cenas fantaseadas, de placeres proyectados. Durante años se olvido del exterior, se incomunicó del resto y creyó haber dado con la panacea. No pronunció apenas palabras, no besó a nadie ni fue besada por nadie, no se desnudó ante nadie ni la desnudaron, no lloró ni rió ni escuchó. El mundo y ella habían dejado de interrelacionarse, había construido una pared imaginaria de sueños que anularon cualquier atisbo de realidad. El mundo era un puro trámite para seguir tejiendo sueños propios y ajenos y guardarlos en la maleta. Era feliz, se creía feliz.

Pasó el tiempo, la metálica perdió su brillo y gastó sus ruedecillas. Pasó el tiempo y los sueños dejaron de tener la misma fuerza alienadora. Pasó el tiempo y la vieja maleta se quedó por primera vez olvidada en un armario; vacía de carga pero llena de anhelos olvidados. Pasó el tiempo y llegó otro 15 de febrero.

15 de febrero de 2012. 11:35 de la noche en el Palacio de Neptuno de Madrid. Allí estaba. Caminando perdida y difusa por entre una masa frivolona, vestida para la ocasión y dispuesta a sonrisas vacías y palabras ligeras. Ella también se había vestido para la ocasión y sentirse una figura más de cumplidora obligación social. Ya hacia tiempo que había desistido a los sueños y a las maletas metálicas. Hacia tiempo que se había conformado con la existencia de pequeños placeres que adormilan el alma.

Ese 15 de febrero a las 11:35 sintió un hormigueo olvidado, una inquietud inusual, un temblor de manos y pies que le dificultaban mantener el equilibrio. Apoyó su mano en una columna para recomponer su cuerpo extraño; alzó la vista y creyó sufrir un delirio visual. Bajó la mirada, sintió un golpe en el estómago y como el corazón se le salía por la boca. Se la tapó con las manos; cerró los ojos e hizo el intento de reproducir esa imagen, esa sombra china coloreada que le había provocado un destronamiento emocional. Ese 15 de febrero a las 11:35 de la noche, ella cruzó por primera vez su mirada con ella y sintió el estruendo tan placentero como aterrador de un TU Y YO. Un arrebato de todos los sentidos y secuestro de la razón. Un TU Y YO de emociones desbordadas que te apresa y magnetiza. Ese 15 de febrero a las 11:35 de la noche, respiró hondo antes de seguir la estela cegadora de sentido hacia esa otra ella desconocida. Respiró hondo, sonrió y se perdió entre el gentío, esa masa vulgarizada, trazando una línea imaginaria entre ella y la otra ella; la desconocida. Sonrió porque había reconocido con la emoción desbordada que la vida le había ofrecido un TU y YO tan mágico como aterrante, tan único como imposible de ignorar, tan mágico como una maleta cargada de sueños. Siguió paso firme con la mirada baja hasta estar frente a la otra ella: la desconocida.
Alzo la vista y con el alma expuesta tomó aire.

-YO me llamo Sandra y TU?

Etiquetas:
, ,


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies