NO me tacharás jamás | SANDRA BARNEDA | WEB OFICIAL | Periodista. Presentadora de Tele5. Escritora
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NO me tacharás jamás

Ahora que está de actualidad la expresión Times Up, el tiempo se ha agotado, en referencia a la campaña contra el acoso sexual promovida por actrices de Hollywood, pienso en lo que ocurre en el barrio judío ultraortodoxo Mea Shearim en Jerusalén. Lugar que no sólo mantiene a las mujeres al margen de todo sino que se tacha su cara de los nuevos billetes de 20 Shékels , expendidos con el rostro de dos poetisas: Rachel Bluwstein y Leah Goldberg. En ese lugar es una ofensa mirar el retrato de una mujer, aunque yo ampliaría mucho más el campo de la ofensa con todo lo que tenga que ver con la feminidad.

Las mujeres de oscuro y con el cuerpo tapado, si están casadas, suelen raparse el pelo ‘para no atraer a los hombres’ y se cubren la calva con una peluca o un Michel. Condenadas a parir cuantas más veces mejor, ya que son obligadas a mantener relaciones sexuales siempre sin preservativo. Por supuesto a gusto y deseo del hombre y según el Torá: la semana de la menstruación y la siguiente son impuras y no podrán ser tocadas. Las que no son capaces de concebir son malditas. El marido tiene derecho a divorciarse de ellas porque son de ‘vientre cerrado’. Podría seguir enumerando aberraciones- lo califico- tratando de ser lo más respetuosa posible con la religión de cada uno, pero cuando, por cuestión de Fe se veja u oprime a un género, deja de merecer mis respetos. No creo que el supremo –sea del tipo que sea si es que lo hay y existe- se haya dedicado a repartir enseñanzas de desigualdades, maltratos y cuestiones que derivan hasta la insensatez, de que cuando salgas del banco o una tienda y te den un billete con el rostro de una mujer te pongas a tacharlo poseído por la razón de la fe.

Dicen algunos optimistas, que pronto se cansarán de hacerlo porque se quedarán sin los billetes antiguos y sólo existirán los de cara de mujer. Yo me muestro escéptica y los imagino con el rotulador negro colgado del cuello y a la tarea, ya considerada como divina. No me olvido que son los ultraortodoxos, que es un extremo del horizonte. Lo que me duele más es que el considerado centro es el que hace campañas como #TimesUP, #HeisShe reclamando igualdad en la desigualdad. Pero volviendo al extremo, a los ultraortodoxos y, por seguir con los billetes, lo que es cierto es que no es la primera vez que nos encontramos con ello. Quizás ahora es tiempo de poner sobre ello el altavoz e impedir que suceda. Sólo hay un modo y es reivindicando, reivindicando y reivindicando la igualdad de derechos. El ser igual que el otro, el no tener que bajar la cabeza, y por detrás o cualquier insensatez por cuestión de género. La esclavitud no se abolió por completo porque, mientras sigamos con éstas, permanece la de género, donde –en el extremo del horizonte- por religión, la mujer está sometida y sin derechos.

La esperanza está en nosotras, de seguir hasta la senectud poniendo carteles con rostros de mujeres sobre aquellos que han tachado y mostrando con orgullo la cara al mundo.



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