¡¡¡¡¡SORPRESA!!!!!! | SANDRA BARNEDA | WEB OFICIAL | Periodista. Presentadora de Tele5. Escritora
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¡¡¡¡¡SORPRESA!!!!!!

-¡¡¡¡Sorpresaaaa!!!!!!-

Es si duda una de las expresiones que todos alguna o varias veces hemos pronunciado o escuchado. Y es imposible no hacerlo sin una sonrisa, sea del tamaño que sea. A mis 42 años es la segunda vez que la escucho sin pronunciarlo yo. Quiero decir que soy la víctima/protagonista de la fiesta ‘sorpresa’. Recibirla provoca una serie de emociones amorcilladas que te mantienen durante toda la velada ojiplática y revolucionada en tiempos: hablas más rápido, sonríes por todo, te apetece todo, quieres estar en todos los sitios y en todas las conversaciones y te enteras de poco. Toda la noche transcurre veloz y en un estado de permanente –shock-. Es al día siguiente cuando, nada más abrir los ojos, los recuerdos se aparecen en forma de fotograma de la memoria y se te vuelve a dibujar una sonrisa en el rostro: ese que, junto con el cuerpo, aún con spidifen y una buena ducha, apenas consiguen enderezarse. En ese reposo lento, vuelves a la fiesta; rememoras el -¡Sopresaaaaaa!!!- y sonríes de felicidad por recibir tanto cariño comprimido en tan poco espacio y tiempo. Digerirlo es como una comida copiosa, tardas, pero es muuucho más placentera la digestión.

La fiesta sorpresa de mi 42 cumpleaños me ha hecho especial ilusión. Confieso que me pillaron y, aunque me han preguntado – ¿pero no te olías nada? – pues ¡No! y ¡Qué bien que se ha hecho entonces! Mientras yo vivía en la inopia mi pareja llevaba tiempo tramando el tema y tejiendo laberintos de medias verdades para despistarme y lograr el objetivo: ¡Que fuera una sorpresa! Lo fue y fue mucho más que eso, porque al final el mejor regalo es el saco de besos, cariños, abrazos y Te Quieros que te sueltan en una noche; haciéndote sentir la protagonista del baile, la más guapa, la más lista, la más especial.

Esa subida de autoestima te sienta de maravilla y, te recuerda al mismo tiempo, lo –tonta- que llegas a ser cuando se te olvidan las cosas tan buenas que te rodean.   Yo no sé vosotr@s pero a mi se me olvidan: cuando me enfado por tonterías, cuando no sé ver el esfuerzo del otro, cuando no pienso en lo importante de llamar a un amigo para –Estoy aquí, cuenta conmigo- ; me olvido cuando me pongo caprichosa, cuando lo deseo todo sin ni si quiera saber qué quiero.

Tras varios días de resaca post fiesta, reflexiono sobre los beneficios de Sorprender y la necesidad de cultivar nuestra capacidad de ser sorprendidos. Decía Ortega y Gasset “Sorprenderse y maravillarse es comenzar a entender”– Sólo tenemos que fijarnos en los niños que se pasan el día exclamando -¡Ohhh!- con la boca entreabierta. Todo les maravilla, les sorprende, aunque no les sea del todo nuevo. ¡Qué fácil parece tomarse y ver la vida desde ese lugar! Se nos recuerda cuando estamos bajo el influjo del enamoramiento o cuando viajamos a un nuevo lugar.

Soy de las que busco sorprenderme y, algunas veces, me he ganado por ello el calificativo de ingenua. Porque de tanto que me sorprendo, sorprendo al resto; también ayuda mi memoria de Pez, que a los tres segundo se olvida y como Dory muchas cosas me siguen maravillando porque es como si fueran nuevas. Soy la pequeña de una familia numerosa y, las sorpresas a mi ya me llegaban caducadas, así que aprendí a cultivar en las pequeñas cosas la capacidad de maravillarme. Me cubría de un mundo de fantasía, cualquier cosa me servía para tirar de ese hilo y convertirlo en historia; vivía en un mundo paralelo donde nada esperaba, tampoco las fiestas sorpresas. Por eso me sorprendí con la primera: cuando cumplí 25. Mis amigos decidieron poner a prueba mi ‘Honestidad’ y jugármela antes de ir al bar de copas donde estaba la fiesta. Fuimos a cenar y en el centro de la mesa había un candelabro muy bonito.

-¿Te gusta?- me dijo una amiga

-¡Es precioso!- le contesté

-¿Y si lo robamos?- me dijo

Y comenzó el debate en la mesa de si nos quedábamos con el candelabro. Yo estaba muy nerviosa porque les había invitado a cenar y el camarero estaba siendo muy majo y, quería parar todo aquello. La conversación derivó en otras cosas, la cena terminó y, al salir, el camarero con cara muy seria me paró solo a mi. Segundos antes, cuando estaba pagando una de mis amigas me confesó la fechoría.

 -¡Nos hemos llevado el candelabro!

 Cuando el camarero me paró, se me disparó el corazón; me ruboricé y comenzaron a sudarme las manos. Estaba furiosa porque el resto, menos una amiga, se fueron corriendo con la mochila y el candelabro dentro. El camarero llamó a la policía y me retuvo, aludiendo que estaba harto de la juventud; yo, en mi rubor, le pedía que me dejara y le daba mi palabra que volvería con el candelabro. Tras un tiempo de aturdimiento y negociación, el camarero accedió a mi compromiso. Salí del restaurante sorprendida con lo ocurrido y la fuga de mis amigos.

-¿Dónde se habrán metido?- le dije a mi amiga

Ella me respondió que estarían donde solíamos quedar todos. Nos dirigimos para allá con el objetivo de conseguir el maldito candelabro y, al llegar, me encontré un lugar a oscuras, sólo iluminado por la luz del candelabro.

-¡Sorpresaaaaaa!!!-

Todo había sido preparado para hacerme la fiesta sorpresa de mi 25 cumpleaños. Incluso el camarero del bar, que tan mal me lo hizo pasar, estaba compinchado.

Fue horrible y al mismo tiempo maravilloso. Fue una auténtica sorpresa y todavía hoy la recuerdo con una sonrisa. Han pasado casi veinte años para recibir otra fiesta sorpresa y quizás esta tenga un color más especial. El amor tiene estas cosas, quizás de capricho, pero siempre había soñado con que un día mi pareja me organizaría una fiesta sorpresa y al fin así ha sido.

¡Qué bonito! ¿No? Sisi …a veces un poco de empalague va bien, pero a dosis, que si no, como el azúcar, podría ser contraproducente…¿o no?



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