Un cuadro | SANDRA BARNEDA | WEB OFICIAL | Periodista. Presentadora de Tele5. Escritora
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Un cuadro

La pintura es algo que me ha acompañado toda la vida. El hecho de ver un lienzo blanco y ver como alguien comienza a mancharlo hasta ser un cuadro, obra de arte o lugar donde perderse en la contemplación, me conecta directamente con mi infancia. Así lo hacía mi padre y así lo aprendí. Lo cierto es que todo aquello, como todo en la vida, me dejó un poso, marca, rastro. Por un lado la curiosidad de pisar museos desde temprana edad y conocer la vida –privada- de los artistas además de su obra y, por otro lado, la resistencia a tomar un lápiz y ponerme a pintar o dibujar. Puede que por complejo a no superar lo visto, puede que por algún tipo de negación rebelde. Tranquilos que no pretendo con este post psicoanalizarme, pero sí comprobar que cualquier decisión o acción que tomamos en esta vida tiene su propia historia y, que casi nunca, nos paramos a pensar.

Me gusta el arte ¡Cierto! Pero al mismo tiempo siento un amor/odio tan próximo que durante épocas me ha llevado a no pisar un museo, al rechazo absoluto y, durante otras, he hecho de ellos mi refugio, mi lugar de descanso. Las contradicciones siempre han ido conmigo de la mano y, esta no deja de ser otra más. Me fascina sumergirme en la inmensidad de un cuadro, en los detalles del trazo, en las sombras y luces que presenta, en la historia que cuenta, en la que no…Me seduce el momento en el que una pintura me cautiva de tal modo que soy incapaz de despegar mis ojos sobre ella. Vivo mi historia de amor con ella, mi momento íntimo, mi viaje personal donde una amalgama de sentimientos recorren mi ser y hacen reconocible el poder del arte sobre nosotros. Lo que siento es único a cada cuadro que me hechiza y distinto a cada persona que lo contemplamos. Siento que toca con mi parte más escondida, más íntima, más poco cuerda quizás porque no comulga con la razón. Nos pasa a todos, por eso, a veces, dejarse invadir por una obra de arte y su magia puede dar miedo y es de valientes. Ocurre algo, mucho más allá del llamado síndrome de Stendhal, que hace que queramos más. La belleza tiene la virtud de conmoverte sobremanera y desanudar emociones estancadas.

Me apasiona diferenciar los ‘contempladores de cuadros’ como yo en los museos; de aquellos que no acuden porque es la visita turística de rigor, sino porque necesitan el viaje del arte. Les observo como se sientan en los bancos de madera de las grandes salas, como se acercan y alejan del cuadro, como sus rostros se transforman …como no existe nada más en ese momento que la pintura y ellos. Algunos otros, son paseadores de museos, personas que llevan años visitándolos y se han convertido en auténticos expertos de las obras que cobijan. Los ‘contempladores’ y ‘guardianes’ de arte están en todos los museos del mundo y es un placer reconocerlos, incluso seguirlos un rato. Hace poco estuve en el Museo Thyssen de Madrid, necesitaba contemplar un par de cuadros del famoso pintor veneciano Canaletto. Había terminado mi tercera novela ‘Las hijas del Agua’ y necesitaba volver a contemplar al pintor que mejor supo describir la vida en la Serenísima. Me sentí cautivada por su detalle, por tanta vida plasmada y, por unos instantes estuve allí, en esa Plaza San Marcos concurrida, de tierra y no asfalto. Me hubiera quedado horas de haber podido, pero fue la cordura quien me sacó de Canaletto y me llevó de nuevo al museo. Por suerte mi pareja, captó el instante mágico que os dejo como recuerdo de otro momento vivido en un museo.

Fuera de la contemplación, garabatear dicen que es terapéutico, incluso tomar unos lápices de colores y dibujar. Que yo recuerde lo he hecho en tres ocasiones; en la escuela porque no tenía más remedio como asignatura obligatoria, en una separación que me encerré un fin de semana en casa de mis padres a pintar sin parar y, en las notas de Iphone que permite seleccionar pinceles para garabatear muestras de amor. Cada momento ha sido distinto y uno más placentero que el otro, pero siempre me ha llevado a la infancia y la frase de Vincent Van Gogh que puse en Reír al Viento “Si escuchas una voz en tu interior que te dice no sabes pintar ¡Pinta! Y la voz se callará”-.

El poder del arte va más allá a nuestra razón. Es un viaje mágico que nos conecta con nuestro subconsciente y, para bien o para mal, nos hace volar y renovarnos. Yo vuelvo a la infancia y acaricio la niña que fui o, en ocasiones, la niña que fui es la que me consuela. Sigo atenta a sus enseñanzas, a contemplar cuadros, a cuando no deseo pisar un museo, a cuando me da por garabatear…Sigo persiguiendo en museos a ‘contempladores’, a ‘ guardianes’ del arte porque yo también soy una de ellos, aunque mi parte escondida, se rebele a serlo.



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