Vida

No soñaba con ser periodista. No tenía prisa por hacerme mayor y convertirme en adulta. Apenas me daba tiempo a reflexionar sobre la vida, el mundo y lo que el mundo quería de mí.

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Tenía ante mi una sobredosis de información, infinidad de cosas nuevas cada día por explorar.  Me gustaba todo, me apasionaba investigar lo nuevo. Siempre preguntaba, quería saber. Comprender me costaba porque mi imaginación me llevaba a otras realidades. Hablaba mucho y contaba poco. Era activa, risueña, cabezota y muy intrépida. Mucho ha quedado de aquella niña.

Un lugar inabarcable, pero maravilloso
Llevo a cuestas el ‘por qué’ tatuado en la piel, sigo apuntándome a un bombardeo y con las mismas ganas de explorar el mundo. Me hice periodista para  poder seguir explorando, conociendo otras realidades y compartiendo las mías.  El mundo sigue pareciéndome un lugar inabarcable, pero maravilloso en sus crueldades y sus veleidades. Empecé en la radio, convenciendo a los de una emisora local con una pequeña mentira: yo sabía hacer aquello. Lo había hecho en casa con el radiocasete y una grabadora, poniendo canciones y imaginando hablar a una audiencia. Comencé a las dos semanas, poniendo canciones y con serias dificultades para llevar el control. Seis horas los sábados y seis los domingos.  No tenía mucha idea de música, pero me puse las pilas. Me apasioné con la radio fórmula y me gustaba charlar con la gente que compartía su amor en las ondas.

Me enganché a la radio y seguí por esos derroteros haciendo matinales, cubriendo la guerra de los Balcanes, narrando el horror y la salvajada cada mañana en las ondas, con un equipo maravilloso que me enseñó algunos principios del periodismo. Radio Sant Cugat mis orígenes, mis desayunos a las seis de la mañana en el bar de la estación de ferrocarril. Mis viajes en el coche con  mi padre, que siempre ha estado allí para ayudarme en mis locuras.

¿Yo, televisión?

¿Yo, televisión?

Empecé la carrera y al año, surgió el primer casting para televisión. ¿Yo, televisión? No entraba en mis planes pero no rechacé la aventura de ver sus tripas y probarme una vez más. A día de hoy todavía se acuerda uno de los cámaras que me hizo aquella prueba. Fueron cientos de personas las que acudieron, quedé de las finalistas para mi sorpresa, no me cogieron. (más…)

El código del mundo

El código del mundo

Siempre he sido una rebelde, me han costado las jerarquías y apenas alcanzaba a descifrar el código del mundo. Me costó crecer, no en envergadura, pero sí tomar tierra. Seguía explorando, viviendo la vida como retazos de grandes aventuras con responsabilidad, pero con la suficiente inconsciencia para darme de bruces y patinar con caídas importantes. (más…)

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