Vida | SANDRA BARNEDA | WEB OFICIAL | Periodista. Presentadora de Tele5. Escritora
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Vida

Este es mi primer post de -Mi diario-, en homenaje al recién diario descubierto que escribí cuando tenía doce años. Con la misma ilusión, vertiré en él reflexiones a corazón abierto sobre lo más ordinario, íntimo y, quizás rutinario que hay en mí. A veces me reconozco mucho en un Hamster, cuando no paro de dar vuelta sobre algo, como él sobre su rueda. Suelo ser de las que entran en el maldito bucle de pensamientos obsesivos y como una planta carnívora se comen el resto de buena onda.
Los llamados circulares que terminan como la secuencia infinita como el perro cuando juega a morderse su cola dando vueltas sobre si mismo. Una de las preguntas en las que podría encallarme infinitamente es -¿Qué sentido tiene la vida?- Nada original pero ¡That’s the cuestión, my friend! Al final me sigo quedando con la respuesta más orgánica, supuestamente facilona y clara que me dieron: ‘Tiene el sentido que tu le des”.

-Ajá- respondí como si hubiera hallado el Santo Grial –Ajá- ¡Mmmmmm! ¡Mmmmm!- Ese eureka impulsivo no fue más que un comentario reflejo pues he pasado a preguntarme -¿Qué sentido le quiero dar yo a mi vida?– 🙂 y vuelvo a convertirme en Hamster.

Como cualquier maestro Zen, pero sin lograrlo, intento que mis pensamiento se conviertan en una cortina de agua que pasan sin quedarse. Hablando de cortinas de agua, podría definirse así la VIDA: una gran cortina de emociones, de sentimientos que suben y bajan, que caen, que se mueren y nacen otra vez.

Este primer post lo inauguro hablando de mi niña, de ese bebé que veis, que yo también observo con cierta curiosidad -apenas me recuerdo así -como su supongo que nadie resuena cuando era un bebé. Me miro, la observo, me observo y trato de encontrar no la niña si no la mujer en la que me he convertido. Me veo tierna y curiosa; dicen, quienes me tuvieron en brazos, que fui un bebé muy bueno 🙂 -vuelvo a sonreír- Prosigo observando, tratando de encontrar una comunicación entre mi yo –bebé- pasado y mi Ahora. Permanece en mí la observancia de la vida con esa curiosidad ingenua de quien cree descubrir retazos de mundo por primera vez. Me aferro a la mochila de Dora Exploradora. Sigo pensando que existe un mundo de Oz donde las heridas del alma son de algodón de azúcar y no existe el mercadeo de bajas traiciones. Repaso mi vida -¡Mmmmmm! ¡Mmmmmm!- Como la de cualquiera se resume en momentos de felicidad y suturas en el corazón de gente a quien habías depositado tu confianza. Dijo alguien muy sabio que a si temes alguien o a algo es porque le has otorgado tu poder. El potencial de nuestra vida está en nosotros, lo tiene ese bebé que fuiste, lo tiene el bebé que fui y la mujer en la que me he convertido. No desfallezcas si no terminas de encontrar el traje. A mi me lo cuento y a ti te lo cuento. Herman Hesse, rescatando a un autor de adolescencia, dijo que -“Quien no encaja en el mundo está siempre cerca de encontrarse a si mismo”- Puede que ese sea el sentido: encontrarme a una misma, poder mirar hacia adentro y sonreírse. Vuelvo a observar a mi bebé y observo que medio me sonríe -¿Estaré flipando sola?- No importa. Me gusta contemplarme y descubrirme que en el fondo sigo ahí, en un rincón de mi mujer, permanece ese bebé que me mira y me sonríe con ternura.

Es el que me acaricia y me cura las heridas del alma cuando aparece una decepción, un corta y pega y, dejar atrás sin tomar aire. Los amigos van y vienen, como los amores, aunque a veces pienso que la amistad está sobrevalorada. Un amigo, igual que un amor, no puede ofrecerte el todo sino una parte porque el todo está en una misma. A mi siempre me han dolido más la traiciones de amigos que de amores, supongo porque la liviandad se la he dado a los segundos y la perpetuidad a los primeros. Me ha costado más creer en los amores de toda la vida que en las amistades. Y al final, vuelvo con el maestro ZEN, que te cuenta que el Todo infinito está en el ahora y el resto es engrosar el mundo de las expectativas que siempre termina en la caja de las decepciones. Y si en tu ahora se caen amores o amistades, que se caigan porque como en la V I D A –esa gran cortina de agua- entrarán nuevos y mejores que los anteriores. ¿Consuelo de tontos? Puede pero el camino no se detiene y las heridas hay que lamérselas sin perder la ilusión, pues que no dependa de nadie más que tú. Maestro Zen de nuevo: el poder no está en ellos sino en ti.

Vuelvo a observar a mi bebé. Sería un gran maestro zen porque pasa por el abanico de las emociones sin filtro ni juzgarse; se expresa como siente; le da el tiempo justo y tiene una flexibilidad parecida al maestro Yogui.

Al final sonrío con ella, con mi bebé. Me siento conectada. Hablo un rato, confidencias íntimas 🙂 y hasta la mezo en mis propio brazos para que se sienta también protegida en mi.

Sólo decirle que no me olvido de Ella como ella no se olvida de mi. Mi niña interior, mi pequeña sabia, mi gran maestra Z E N.

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