Yo y mi mundo | SANDRA BARNEDA | WEB OFICIAL | Periodista. Presentadora de Tele5. Escritora
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Yo y mi mundo

Esta semana me ha alegrado mucho saber que la Feria del Libro de Madrid ha terminado con un 8% más de ventas del año pasado; una noticia que oxigena el mundo del libro que, en nuestro país, sufre las consecuencias de declararnos poco o nulos lectores. Me remito a datos que me dejan fría: Según el CIS de junio de 2016 – hace un año- el 40% de nosotros no ha leído un solo libro en los últimos doce meses. No soy yo quien ponga el punto sobre las íes porque cada uno sabe lo que necesita, lo que quiere y, dependiendo de lo que siembres, recogerás un fruto u otro. Ese dato y el recuerdo de mi paso, por quinto año, en la Feria del Libro de Madrid, me ha transportado a mis primeras lecturas de pequeña.

Recuerdo con fascinación y cierta nostalgia, mi paseo los domingos por la mañana, calle abajo, hasta el kiosko para comprar el periódico –en casa se leía La Vanguardia– y como premio por ir a buscarlo para mi: Esther y su mundo. Me veo devorando el fascículo semanal, encerrada en mi habitación y sintiéndome otra Esther en el mundo: una chica alta, desgarbada, de ojos verdes, rebelde y enamorada en secreto de, supuestamente, quien no debía. Seguro que much@s de los que leíais el tebeo haríais otra interpretación, pero para mí; haciendo memoria, mi primera heroína fue Esther con su mundo, sus alegrías y frustraciones. Aquellos domingos de prensa y recoger el pan los viví como mi primera expresión a mi futura independencia. Yo llevaba el dinero que me habían dado mis padres; el kioskero: un hombre robusto, poco afeitado y con enormes gafas de plástico grueso- muy a la moda ochentera- me miraba, bajando su cabeza y esperaba que le confesara el encargo:

-Por favor Una Vanguardia y el nuevo número de Esther y su mundo.

 Os confieso que me sentía mayor, como importante y, después de pagar el encargo, me iba casi de carrerilla a casa feliz y contenta. Del periódico, recuerdo que esperaba que fuera leído, para ir a las páginas de color salmón y jugar a las siete diferencias- era sin duda mi pasatiempo favorito que, en alguna ocasión y, para hacerme rabiar, mi hermano mayor se adelantaba y lo rellenaba antes que yo ¡Cosas entre hermanos! ¡Hacernos rabiar por el divertimento de hacernos rabiar!

El tiempo fue pasando y –“Esther y su mundo”– como muchos otros tebeos quedaron arrinconados en una estantería, condenados a acumular polvo. Me dio por las revistas de baloncesto como Gigantes o Mundobasket…seguía haciendo mi paseo los domingos al kiosko, pero mis hábitos habían cambiado. Quizás alguna Superpop cayó, pero yo vivía en los mundo del baloncesto, deporte que me apasionó durante años. En ese mismo periodo de profunda adolescencia, comencé a usar la escritura como medio para interpretar el mundo que tantas veces me parecía hostil. Me convertí en las ‘raras’ que se pasaban el tiempo escribiendo notas melancólicas que terminaban en una papelera o en el ultimo separador de la carpeta de la escuela.

Por mi mano cayeron muchos libros, y los libros fueron pasando y las notas desapareciendo; incluso el kioskero se fue y vino otro que me caía peor; ya no era una niña, era un aspirante a periodista que compraba todos los periódicos y se los leía de cabo a rabo. Ahora las gafas de pasta gorda las llevaba yo y no él.

El tiempo no pasa sin dejar huella y recuerdos aparecen centelleantes en una bengala de nostalgia que te recuerda que la vida hay que celebrarla. Aunque a veces nos cueste porque llevamos los cristales de la gafas –por seguir con la metáfora- sucios o empañados de penas condensadas.

Hoy tenía la intención de hablar de libros, de agradecer a todos los que me alentáis para que siga tejiendo historias que salen de mi materia invisible y se nutren de vuestras experiencias vividas en cada una de las historias. Haciendo honor a la escritura de Mi Diario –como la vida- una sabe como empieza pero nunca como acaba y que termina contando.

Os dejo dos libros que estoy leyendo, a ver si, como a mi, os inspiran, gustan o simplemente os provocan mera curiosidad. Todavía no tengo claro si elegimos los libros o ellos te eligen a ti; lo mismo que los amores ¿Quien se dio cuenta antes?

Ahí van:

1- “Lazos de Amor” de Brian Weiss de Ediciones B. Un autor que está siendo todo un descubrimiento para mi.

2- “La resistencia Intima: Ensayo de una filosofía de la proximidad” de Josep María Esquirol, Editorial Acantilado.

Si! Estoy en modo profundo..Cuando estoy escribiendo novela tengo por costumbre leer sólo ensayos y, me suelo poner muy intensa. ¡Jajajaja!

Al fin y al cabo no dejan de ser retazos de, al igual que cuando leía a Esther…¡Sandra y su mundo!

Orgullosa el día que recogí el Carnet de Investigadora de la Biblioteca Nacional, lugar que alberga miles y miles de libros



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